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Este verano he conocido tantas formas de disfrutar de las vacaciones como tipos de personas emprendedoras hay. A grandes rasgos, he visto que hay quienes hacen vacaciones intermitentes con descansos de corta duración manteniéndose siempre conectados, quienes se deslocalizan físicamente pero mantienen los hábitos laborales intactos, quienes modifican sus rutinas compactando las horas de trabajo y dejando horas libres, sobre todo por la tarde, y quienes han desconectado totalmente unos pocos días de su actividad del negocio. Eso sí, nadie de mi entorno al frente de un negocio ha desconectado más de 5 días seguidos. No está bien ni mal, simplemente así es.

Personalmente, no siento una apremiante necesidad de desconexión. Me gusta estar conectada porque me encanta mi trabajo. Mantener mis hábitos laborales es algo que forma parte de mi estilo de vida, por lo que no es una molestia. No obstante, procuro que mantenerme conectada sea una opción, existiendo también la posibilidad de desconectar,  ya que no me veo imprescindible.

Me siento bien con este sistema de trabajo porque soy yo quien decide mantener una serie de hábitos que para mi son beneficiosos y que se ajustan a mi personalidad: madrugar durante todo el año, dedicar cada día un tiempo al estudio de los temas en los que se basa mi consejo profesional, revisar el estado de los proyectos y trabajar en su evolución son tareas que forman parte de mi estilo de vida. En mi caso, se fusionan vida personal y negocio.

Dirigir tu propio negocio es tu oportunidad de diseñar el estilo de vida que sientes que necesitas. Es bueno imaginar los momentos y ritmos en los que nos gusta combinar nuestro trabajo con el resto de actividades que nos encantan, en qué lugares nos gusta estar, con qué tipo de personas, haciendo qué, etc.. Más allá de fantasear, sólo podremos modelar nuestro negocio acercándonos a nuestro objetivo si tenemos claro cuál es el estilo de vida que necesitamos.

Existen muchas formas de hacer las cosas, ¿cómo necesitas hacerlas tú?