No hay mejor inversión que la que se destina a la expansión del propio negocio. Inversión que no consiste únicamente en dinero sino que incluye también recursos igualmente imprescindibles: motivación, personas, tiempo…

Crecer es una decisión estratégica por lo que resulta esencial establecer objetivos y prioridades antes de lanzarse a ampliar horizontes. Además, cuando decidimos expandirnos hay que asentar pilares robustos y estables que sostengan el proyecto y permitan obtener el máximo resultado. Porque a nadie se le escapa que una buena gestión del proceso evitará riesgos innecesarios o el pago de precios altísimos tales como: perder oportunidades, morir de éxito, causar desgaste personal difícilmente soportable, agotar a nuestro equipo profesional, etc.

El primer paso a dar consiste en trazar un Plan de Expansión con una dirección clara y con la definición precisa de las acciones que habrá que llevar a cabo. El Plan de Expansión es la hoja de ruta, aporta seguridad a las personas que componen la organización y prepara a tu empresa para alcanzar el éxito.

Al mismo tiempo que confeccionamos el Plan de Expansión hay que revisar la organización de las personas y sus funciones en la empresa. ¿Tenemos bien definidas y cubiertas las tareas clave? ¿Están las personas en el puesto de trabajo adecuado para que desarrollen al máximo sus competencias y talentos? ¿Qué necesita nuestro equipo para desarrollarse profesionalmente? Cuidar al factor humano y emocional resulta esencial: si la empresa crece, las personas también han de hacerlo.

Es todo un desafío en el que vale la pena trabajar. Y, afortunadamente, nuestras empresas se mueven constantemente evolucionando junto a sus equipos humanos y probando nuevos mercados y fórmulas. No hay que dejar de hacerlo. Nunca.


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