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Me alegra ver que cada vez más empresas se interesan por pasar de modelos organizativos estrictamente jerárquicos a otros más participativos. 

Últimamente oímos hablar de “redarquías”, sistemas en los que las personas se autogestionan y las soluciones y decisiones nacen de la inteligencia colectiva en pro de los mejores resultados. Este tipo de funcionamiento de las organizaciones tiene su origen en las comunidades de desarrolladores de software libre. Estos equipos de trabajo son capaces de organizarse para crear productos y servicios extraordinariamente complejos y sofisticados sin una estructura jerárquica tradicional. Incluso podemos decir que una jerarquía de este tipo resultaría contraproducente para su capacidad creativa.

La estructura redárquica se basa en la confianza, la autenticidad y el valor añadido de cada una de las personas que integran la red. Colaborar y compartir genera propuestas innovadoras y sorprendentes. Al contrario de lo que ocurre en los sistemas jerárquicos, aquí el orden no se impone desde arriba, sino que emerge desde abajo como resultado de la colaboración y el trabajo horizontal. 

Sin embargo, según José Cabrera, quién definió el término redarquía, no se trata de dos modelos excluyentes, sino de dos estructuras complementariasya queno está nada claro que la toma de decisiones, y la asunción de responsabilidades, puedan ser asumidas siempre de forma colectiva. Así pues, se trata de tomar lo mejor de ambos sistemas fusionándolos con el objetivo de que la organización sea ágil, flexible e innovadora

Redarquías

He comprobado que las empresas que deciden pasar a funcionar de un modo más participativo, en el que las personas brillen por su eficaz autoliderazgo, consiguen dar un alivio a quienes están al frente de la empresa (los propietarios). Sienten que se han quitado un importante peso de encima porque las responsabilidades quedan compartidas y los riesgos minimizados al haber más mentes en marcha. También encuentran la seguridad de que lo que no se le ocurra a una persona se le ocurrirá a otra. 

Por otro lado, hay quien piensa que el funcionamiento en red, de forma horizontal, no requiere colaboradores muy formados. Nada más lejos de la realidad. Las redarquías precisan de personas entrenadas en nuevas competencias, especialmente en las comunicativas. En nuestros días la capacidad de influenciar a los otros es esencial. Lo que se busca es influir positivamente a las personas adecuadas, en el momento adecuado y del modo adecuado. 

Así pues, la redarquía requiere excelencia relacional porque, aunque es verdad que rebajamos el peso de los hasta ahora líderes jerárquicos, lo depositamos en los demás colaboradores, que necesitarán ayuda para estar a la altura de los retos que se le presenten a la organización.

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